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“A la segunda va la vencida”

By Michael Shifter
ideele (Peru), July 1, 2006

El día de la segunda vuelta electoral en el Perú, el 4 de junio, apareció en el Washington Post una entrevista con Alan García hecha por Michael Shifter, Vice presidente del Diálogo Interamericano, quien acababa de estar en nuestro país participando en la reunión que sobre justicia organizamos la Universidad de Florida y el IDL. Shifter, es un gran conocedor del país y del hemisferio americano y, por si fuera poco, vivió en el Perú durante los años en que García fue Presidente. Agradecemos a quienes nos han permitido publicar una versión más amplia de tan elocuente entrevista.

¿Por qué la gente tendría que creer que su segundo gobierno sería distinto?

Por varias razones. La primera es que el mundo ha cambiado sustantivamente, existe otra economía; vivimos otro contexto internacional. Mi Presidencia coincidió con el periodo del presidente Reagan, que no era precisamente Clinton o Carter…

¿Su partido garantiza un gobierno diferente?

El Gobierno aprista pagó el costo de no haber administrado el Estado durante cinco décadas. Es en la gestión de gobierno que los partidos van perfeccionando sus cuadros; solo ahí aprenden a actuar con realismo y prudencia.

Al final de su Gobierno, en 1990, el país tenía una hiperinflación sin control y el terrorismo amenazaba al país entero.

Me tocó una época de terrorismo y de contracción financiera. A diferencia de Fernando Belaunde, que dejó de pagar la deuda en silencio, yo preferí predicar la idea de que podíamos —con una coalición de países deudores— forzar una reducción de los intereses en la refinanciación de la deuda. No se pudo.

Por todas estas razones y, además, por instinto mínimo de supervivencia de un gobierno, las acciones futuras tienen que ser distintas.

¿De qué se arrepiente?

De combatir la miseria rural favoreciendo un considerable crédito sin intereses a favor de los campesinos, como una manera de impedir que fueran reclutados por Sendero Luminoso. Tal vez mi error de formación, como abogado y como afrancesado, fue dar más importancia al aspecto sociológico que a la acción directa en contra de Sendero.

O sea, hubiese sido mejor usar más fuerza contra Sendero.

Debió acometerse con más fuerza. No estábamos preparados.

La violencia era una metástasis generalizada en la población. Nosotros quisimos responder a eso con muchas obras y aumentamos la tendencia inflacionaria.

Esa es la verdad.

¿Y la estatización de la banca?

Otro error. Cuando se acabaron los recursos, opté por controlar el crédito por medio de la nacionalización de la banca. Visto desde hoy, creo que hubiera sido más inteligente poner restricciones al capital bancario y no intentar tomarlo. Terminamos luchando contra Sendero Luminoso y también contra la burguesía peruana. Todo eso hacía imposible una conducción eficiente del Gobierno.

Bueno, usted tenía 35, 36 años...

No atribuyo los problemas de mi Gobierno a mi juventud…

Usted ha cambiado como líder más allá de las circunstancias, hay una evolución en su forma de pensar...

Cuando uno es joven quiere cambiar el mundo de inmediato con recetas mágicas. Ahora hay que utilizar el mercado de manera eficaz a favor del bienestar y del empleo de la gente, y no intentar lo que acaba de hacer mi amigo Evo Morales, porque así se mata la gallina de los huevos de oro.

La experiencia de los segundos gobiernos en América Latina no ha sido auspiciosa: Carlos Andrés Pérez en Venezuela, Gonzalo Sánchez de Lozada en Bolivia. Volver no ha sido precisamente un éxito. ¿Existe alguna maldición con los segundos gobiernos?

El que fue exitoso en su primer Gobierno a veces fracasa en el segundo. El que tuvo muchos problemas en el primer Gobierno, en ocasiones triunfa en el segundo.

¿Qué ejemplo de éxito en el segundo gobierno podría citar?

Nicolás de Piérola, una figura extraordinaria en el siglo XIX, ocupó el Gobierno del Perú durante la Guerra con Chile. Fue un desastre, y Piérola huyó del país. Veinte años después, su segundo periodo se recuerda como el mejor Gobierno de la historia republicana del Perú. El Piérola que se recuerda es ese. Espero que a mí también se me recuerde así.

El legado histórico parece ser muy importante para usted. ¿Piensa en eso, que va a ser recordado en la historia del Perú?

Nosotros los latinos tenemos un sentido más romántico y tal vez más histórico que los sajones; a diferencia de ellos, creemos en la gloria. Sin embargo, me identifico mucho con Franklin Delano Roosevelt, el más grande estadista del siglo XX. Creo que el APRA es algo así como el New Deal, un movimiento de expansión de la propuesta democrática.

Usted habla de expandir la democracia, pero la gente en el Perú está decepcionada de la democracia. ¿No le preocupa ese desencanto?

No es así. El Perú tiene tres electorados claramente definidos. Uno conservador, que yo llamo republicano, que es un 30 por ciento. Este electorado está en las ciudades, es industrial, pequeño industrial y microindustrial.

El APRA representa a otro electorado que es obrero y moderno. Nuestro partido es muy fuerte en las zonas fabriles, exportadoras. Somos norteños. El APRA es fuerte porque está presente en los obreros de la caña de azúcar exportadora, del algodón exportador, de la pesca exportadora, de las ciudades más consolidadas del norte. Ahí tenemos fuerza. Ese es nuestro tercio.

Y el tercer y último tercio corresponde al sur andino, que tiene antecedentes de una cultura más bien vertical y despótica; una concepción muy mesiánica de las cosas. Mientras el norte avanza paso a paso, el sur quiere cambios violentos y siempre vota por un salvador, por un Mesías.

¿Cómo incorporar a ese sector excluido? El Perú no puede perpetuarse en pedazos, fragmentado...

La zona sur aparece mucho más difícil de desarrollar que la zona norte. Esta última está conectada; es, como la ciudad de Lima, la ‘región-TLC’ típica del Perú. En el caso de que se apruebe un TLC, la zona sur, en cambio, quedará totalmente excluida por largos años. En zonas con un alto índice de analfabetismo y donde no hay escuelas se requiere un largo periodo de inversión.

Humala se conectó con ese tercio del electorado, el del sur.

Con una propuesta sin duda mesiánica y demagógica, inviable en el mundo de hoy, Humala ha sido —paradójicamente— positivo, pues nos ha demostrado el quantum de pobreza que existe en el Perú. Estamos al borde de una situación como la boliviana, y esta es la última ocasión que tenemos para resolver este problema.

¿Cómo?...

Creo que no se trata de detener el fenómeno como una amenaza, sino de propiciar un esfuerzo de inversión mucho mayor.

¿Cuáles serían las dos o tres prioridades de su segundo gobierno?

Lo primero es detener la ‘barbarización’ de la política peruana.

¿‘Barbarización’ de la política?

La ‘barbarización’ consiste en aceptar situaciones y gobiernos que restringen la libertad, intolerantes, sin equilibrio de poderes, sin libertad de expresión. El riesgo boliviano es un peligro de medidas económicas como estatizar los bienes de un buen amigo como el Brasil. El segundo riesgo es la ‘barbarización’ tropical, la del señor Chávez. Él responde a una estrategia de grandes bloques mundiales.

¿Cómo va a enfrentar el problema de la delincuencia? Algunos sostienen que Humala ganó la primera vuelta porque, como es militar, se lo percibe con la autoridad para enfrentar la inseguridad.

La lucha contra el crimen debe hacerse democráticamente. Existen instrumentos clarísimos para luchar contra el crimen: una legislación muy severa, jueces expeditivos y rápidos, y una Policía enérgica y activa.

¿Cuál es el programa de su partido para combatir la corrupción?

La corrupción es un problema mayúsculo en las dictaduras, ya que no tienen supervisión. Pero es un problema menos grave en las democracias. Tengo confianza en que los grandes hechos de corrupción no van a ocurrir más en el Perú. El próximo Gobierno tiene que permitir que sea la oposición la que se encargue de supervisar los temas de corrupción.

¿Cómo ve el tema del narcotráfico? Después de tantos años está peor que nunca, y no se ven alternativas, propuestas...

El narcotráfico tiene muchas causas: consumo, falta de políticas agrarias. Con una política agraria eficiente ganamos mucho más que fumigando o arrancando las matas de coca una por una, como hace la Policía.

Pero ¿cómo evalúa usted la política de los Estados Unidos, que consiste en fumigar?

La fumigación es inviable políticamente en el Perú, por lo menos ahora. Hay una enorme resistencia social, no solo en el lugar donde se siembra coca, sino también en los medios ambientalistas, intelectuales y políticos. Eso significaría meter al Gobierno en un problema mayor. Yo prefiero ir paso a paso.

Mario Vargas Llosa, un opositor a su primer Gobierno, habla de usted como el ‘mal menor’ en esta carrera presidencial. ¿Qué significaría para usted llegar a la Presidencia como el mal menor?

No hay Presidente en la tierra que no reciba votos como ‘mal menor’. Un 25 por ciento me ve como estupendo, otros me ven mejor que Humala, y hay algunos que dicen “los dos son malos, pero el menos malo es García”.

Tengo la impresión de que, en esta elección, decidirse por el mal menor es mucho más significativo...

En absoluto. Todos los políticos son siempre el ‘mal menor’ para alguien. Eso se llama ser útil. Un político tiene que ser útil en un momento. Yo, en este momento, soy útil a la sociedad peruana, a su clase media, a su pequeña empresa y a su microempresa, a la gente que tiene ideas democráticas, que no gusta de Chávez, que no gusta de la experiencia de Evo Morales. Que digan que soy el ‘mal menor’ no me interesa; soy útil y punto.

Dicen que las declaraciones de Montesinos y de Fujimori al final de esta campaña lo han beneficiado políticamente.

Los hechos son que Humala trabajó con Montesinos, que fue jefe de campaña electoral de Fujimori en la zona sur, y eso es lo que ha declarado Montesinos...

¿Y Fujimori?

Él simplemente ha dicho: Alan García ha evolucionado.

Recoge una constatación, aunque sea por él que tuve que pasar nueve años fuera...

¿Cómo evalúa los diez años de Fujimori?

Fujimori entendió que el mundo estaba cambiando, quiso abrir el Perú al capital externo. En esa época —tal vez ahora él también ha evolucionado— era un hombre un poco primitivo en sus análisis y aplicó un modelo exagerado. Lo que hizo fue amputar sin anestesia, con un golpe de Estado. Hubiese sido mucho más difícil hacer lo que hizo en democracia. Igual con Sendero Luminoso: después de un golpe de Estado se puede establecer un juicio sumario con jueces sin rostro y todos a la cárcel con cadena perpetua, pero el país se pacifica. De manera que lo malo deriva en algo positivo. Entonces así no. Yo soy más bien Rembrandt, claro-oscuro…

¿Y cómo aprecia el Gobierno de Alejandro Toledo?

Tiene la virtud de haber mantenido la democracia, pero sin autoridad. Autoridad es tener ascendencia moral sobre el país. Cometió gravísimos errores de frivolidad.

Hay que reconstituir la autoridad moral y también la autoridad de las fuerzas democráticas sobre el país.

El Perú ha tenido un crecimiento económico impresionante. ¿Es que acaso Toledo no se merece ese crédito?

En el Brasil dicen: “Cuando el gobierno duerme la economía crece”. Hubiésemos puesto a la momia de Tutankamón en Palacio y el país crecía. Si ahora pagan 700 dólares por onza de oro en vez de 200, el país crece.

Toledo cree que el crecimiento económico debe ‘chorrear’ de una manera librecambista hacia los más pobres. Eso no funciona, pues la velocidad de la impaciencia política se lo come y nos deja un problema horrible como Humala.

¿Convocaría a independientes en su gabinete?

Lo más saludable para un país ahora es compartir el poder. En nuestros países el poder es una culpa. Usted es elegido, festeja esa noche y al día siguiente comienza a ser culpable de todo lo malo, no de lo bueno. Es preferible compartir la culpa con otros sectores.

La CVR

Otro tema que no figura en su Plan de Gobierno es el tema de derechos humanos y la Comisión de la Verdad. Hay quienes sostienen que es un asunto que usted no ha apoyado...

La CVR fue usada por un tiempo creyendo que así se podía desgastar al candidato García. No funcionó. Tenemos que indemnizar a cada una de las personas que sufrieron la violación de derechos humanos o que perdieron sus bienes. Eso es parte del Plan Sur.

Su candidato a Primer Vicepresidente ha sido públicamente muy crítico del Informe de la CVR. ¿Comparte esa visión?

La CVR tuvo un carácter negador. Al final de sus investigaciones aparecía que el Estado fue responsable de todo, y que los gobernantes y los militares fueron responsables de masacrar al pueblo peruano. Yo no creo que los militares sean, porque usan uniforme, seres salvajes que están esperando ir a matar personas. Yo los conozco.

¿Usted cree que esa fue la acusación de la Comisión de la Verdad?

Creo que el izquierdismo de tipo estalinista-maoísta, que ha sido derrotado históricamente —pero que está ahí larvado, acomplejado, guardado en el corazón de mucha gente—, intenta demostrar que el Estado es siempre genocida. Por eso Giampietri, mi candidato a la primera vicepresidencia, sale a defender su institución.

“No voy a ser el sheriff de América del Sur”

¿Qué bloque intenta conformar Chávez?

El objetivo de Chávez es Colombia, donde ve la presencia más penetrante del imperialismo estadounidense en América Latina. Para ello pone en juego la teoría del dominó: genera una situación en Bolivia, clona un comandante en el Perú, clona otro en el Ecuador, el señor Gutiérrez, y de esa manera rodea a Colombia.

¿Usted jugaría un rol de contrapeso a Chávez en la región?

No voy a ser el sherif de América del Sur. La mejor manera de influir en la región es haciendo bien las cosas dentro de nuestro país.

Me interesa su opinión sobre el presidente Uribe y lo que está haciendo en el conflicto armado interno.

Primero debo decir que a mí no me gustan las reelecciones. No me parecen democráticas: el que ejerce el poder no puede presentarse a sí mismo.

Pero hay que reconocer que el principal problema en Colombia —país donde he vivido y que por tanto conozco— es la violencia, la subversión. Creo que el éxito de Uribe consiste en haber focalizado en ese tema su acción política. Él tendría, de una u otra forma, que terminar con la subversión, y entonces se tendría a Colombia en una posición inmensa en el continente, porque es uno de los países más ricos de América del Sur.