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Calderón se consolida tras un año de gobierno

By Marifeli Pérez-Stable
Infolatam, October 30, 2007

El 1º de diciembre Felipe Calderón cumple un año al frente de México.  Por las controversias suscitadas por la elección de 2006 y la resistencia a admitir sus resultados de parte de Andrés Manuel López Obrador y un sector del Partido de la Revolución Democrática, México parecía abocado a un largo período de incertidumbre.  Cabía, incluso, la posibilidad de que el presidente no llegara al final de su sexenio. 

Calderón, afortunadamente, ha ido despejando el horizonte.  México, claro está, enfrenta innumerables problemas pero, los mexicanos confían en su liderazgo y le conceden altos grados de aprobación. El México bronco ha retrocedido, si bien un México pacífico con una clase política, una institucionalidad y un sector privado modernos y capaces de ampliar la democracia y el bienestar aún no se asienta.  

Aunque excelente en campaña, Vicente Fox no dió la talla en la presidencia.  Por haber sacado al PRI de Los Pinos, la opinión pública lo valoró hasta el final.  Sin embargo, la mayoría de los mexicanos lo consideraba metido en camisa de once varas.  Con su actuación, Calderón ha enviado un mensaje claro si bien implícito: “No soy Fox”.   

Recién inaugurado, no titubeó en movilizar el Ejército contra el narcotráfico.  De inmediato mejoró las relaciones con el Congreso y, por ende, el presupuesto para 2008 fue aprobado en tiempo récord.  A fines de marzo, el Partido de Acción Nacional logró el apoyo del Partido Revolucionario Institucional para reformar las pensiones federales.  A mediados de septiembre, el PAN y el PRI se unieron para aprobar una reforma tributaria y éstos más el PRD coincidieron en una reforma electoral. 

En política exterior, Calderón tampoco es Fox.  El presidente ha tomado las riendas de la Cancillería, a la par que su titular -Patricia Espinosa- es una diplomática de carrera sin afán de protagonismo.  Las relaciones con Washington las maneja directamente con su embajador en Washington, Arturo Sarukhan.  Pese a que Estados Unidos es el país primario para México, la reforma migratoria tendrá que esperar al próximo presidente estadounidense.  Mientras tanto, la lucha contra el narcotráfico, la seguridad fronteriza y el comercio seguirán su marchita en la agenda bilateral.  Así pues, México y Estados Unidos recién anunciaron la Iniciativa Mérida, un proyecto de intensa colaboración para combatir el narcotráfico que -dadas las sensibilidades mexicanas respecto a la soberanía-- no admite tropas extranjeras en territorio nacional. 

América Latina -sobre todo, Centroamérica- es una prioridad de primer orden.  Previo a su inauguración, Calderón viajó a la región antes que a Estados Unidos.  En abril, convocó una reunión con los países centroamericanos, e incluyó a Colombia, para revitalizar el Plan Puebla-Panamá que Fox había iniciado con bombos y platillos pero luego desatendió.  Del 6 al 10 de noviembre, regresa a Sudamérica.  En Medellín y Bogotá, Calderón y su comitiva tratarán temas referentes a los biocombustibles y las relaciones comerciales entre México y Colombia.  Luego, Felipe Calderón y Álvaro Uribe asistirán a la XVII Cumbre Iberoamericana de Jefes de Estado en Santiago, Chile.  

Calderón mueve fichas sobre el tablero completo.  En julio y agosto le dió la bienvenida a tres mandatarios de centroizquierda: al español José Luis Rodríguez Zapatero, al argentino Néstor Kirchner y al brasileño Luis Inácio Lula da Silva.  Luego de años de crispaciones, México le devolvió a sus relaciones con Venezuela y Cuba una mínima normalidad diplómatica con el retorno de los embajadores a Caracas, La Habana y el Distrito Federal.  Aparte de hacer gala de sus credenciales presidenciales con estas fichas, Calderón consolidó su legitimidad de cara a ciertas izquierdas que la negaban. 

Aunque con estilos diferentes, Calderón y Fox coinciden en darle a la política exterior mexicana nuevos presupuestos estratégicos.  A diferencia del PRI histórico y de sectores de ese partido y del PRD hoy, los panistas proyectan un México que ocupe un lugar en las relaciones internacionales acorde con su importancia real y con su potencial.   A decir verdad, ya Ernesto Zedillo -el último presidente priísta- encaminaba a México en esa dirección. 

Felipe Calderón barrió con los peores augurios luego de su controvertida elección.  Hasta ahora, Calderón ha actuado con prudencia, talante ejecutivo y firmeza y, por consiguiente, ha sentado las bases para un buen sexenio. Así y todo, falta mucho para cantar victoria y ponerse los laureles.

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