
La región vista desde Estados Unidos
By Interview with Michael Shifter
La Prensa (Bolivia), April 6, 2008
An English version of this interview is available here.
Las relaciones entre Estados Unidos y Sudamérica, las pugnas internas en la Comunidad Andina de Naciones (CAN), el gobierno de Evo Morales y su alianza con el presidente venezolano Hugo Chávez, la “izquierda” en Latinoamérica, las posibilidades discursivas del Socialismo del Siglo XXI... ¿Cuánto preocupa a Estados Unidos lo que pasa en esta región? ¿Qué candidato norteamericano a la Presidencia le conviene más a Sudamérica? ¿El republicano John McCain o los demócratas Hillary Clinton y Barack Obama? Uno de los analistas más respetados en suelo norteamericano, el vicepresidente de Política de la organización Diálogo Interamericano, Michael Shifter, respondió a estas interrogantes para Domingo, vía correo electrónico. Una entrevista imperdible.
Una región fragmentada
—¿Cuál es su diagnóstico sobre las actuales relaciones políticas y económicas entre Sudamérica y Estados Unidos?
—Las relaciones políticas entre Estados Unidos y Sudamérica varían marcadamente de país a país, sin embargo en la mayoría de los casos no son muy sólidas, especialmente si se compara ello con lo que pasaba una docena de años atrás. Washington se encuentra selectiva y esporádicamente interesado en Sudamérica, y ha mostrado una indiferencia considerable hacia la región. En la última crisis andina, por ejemplo, Estados Unidos jugó un rol marginal.
Aparte, hay mucha desconfianza de las naciones sudamericanas hacia Estados Unidos, principalmente debido a la guerra en Irak y otras políticas unilaterales e impopulares; pero también a causa de sus posturas insensibles (la crisis financiera en Argentina en 2002), acercamientos incoherentes (Venezuela bajo el mandato de Hugo Chávez) y la falta de respaldo a un aliado durante un momento de gran necesidad (Bolivia en octubre de 2003). Incluso Colombia, tal vez su más fuerte aliado sudamericano, está muy desilusionado con Washington a causa de la oposición del Congreso hacia un acuerdo de libre comercio ya negociado.
Las relaciones económicas se hallan mejor, en gran parte debido a un ambiente internacional más favorable en los últimos cuatro años; pero aún estas relaciones han sido limitadas por la discordia política. Irónicamente, el comercio de los Estados Unidos ha estado muy dinámico con Venezuela, su principal adversario político en Sudamérica.
—¿Cómo analiza la integración de la región latinoamericana?, sobre todo por las pugnas internas que hay y que se están presentando entre naciones, léase el lío de las papeleras entre Argentina y Uruguay, el conflicto fronterizo entre Ecuador y Colombia, los encontronazos entre Venezuela y Colombia, el diferendo marítimo entre Bolivia y Chile...
—Incluso dejando de lado a Estados Unidos hay enorme fragmentación política y discordias en Sudamérica. Éste no es un buen momento para una integración política, como se ha visto en la última Cumbre Iberoamericana en Santiago, Chile, en noviembre pasado. Es verdad que los acuerdos comerciales y la inversión están siendo asediados, y que las remesas y el flujo migratorio se han incrementado, pero las dificultades políticas y tensiones no se están apaciguando. La tensión entre Argentina y Uruguay, dos países con gobiernos que parecen muy similares, es llamativa.
La buena noticia es que las relaciones en comercio y energía entre vecinos como Colombia y Venezuela son tan profundas que sirven como amortiguador contra una confrontación militar directa. Este efecto fue claramente demostrado en la última crisis andina, que afortunadamente no se salió fuera de control, en parte también porque grupos regionales como la Organización de Estados Americanos y el Grupo de Río estaban en el lugar para facilitar el diálogo.
—¿Y cómo ve a la región andina como apuesta de integración regional?, la cual tiene también sus problemas internos que han derivado en su actual crisis.
—La Comunidad Andina de Naciones estaba en profundas dificultades incluso antes de la última crisis entre Colombia, Ecuador y Venezuela. El retiro de Chávez de ella, después de que Colombia y Perú negociaron acuerdos de libre comercio con Estados Unidos, empeoró la situación regional ya tensa. Es difícil ver cómo la Comunidad Andina va a ser efectiva sin un nivel básico de mutua confianza o principios económicos ampliamente compartidos.
—Con los problemas internos en Sudamérica, tanto entre los integrantes del Mercado Común del Sur (Mercosur) como entre los de la Comunidad Andina, ¿usted ve viable la conformación de una Comunidad Sudamericana?
—La Comunidad Sudamericana es una idea interesante para una variedad de razones comerciales, diplomáticas y de seguridad. Sin duda, ella refleja la aspiración de muchos en el continente. Sin embargo, para que una Comunidad así tenga éxito y vitalidad necesita haber una voluntad colectiva para trabajar juntos, siguiendo objetivos comunes. En este momento, esa esperanza parece estar distante, en vista de las múltiples tensiones políticas y las señales de nacionalismo renovado. Aunque es una aspiración admirable, a largo plazo, hay motivos para estar escéptico en que esto pueda llegar a ser una realidad.
McCain, Clinton o Obama
—¿Qué cambios se pueden dar en la relación de Estados Unidos con Latinoamérica, sobre todo Sudamérica, con el posible ascenso al poder de John McCain en el país del norte. ¿Con él puede haber un cambio en la política hasta ahora implementada por el también republicano George W. Bush?
—Es dudoso de que haya un cambio dramático en las políticas estadounidenses con relación a Latinoamérica con cualquier nueva administración, incluyendo si John McCain es el nuevo presidente estadounidense. Aunque McCain sea bastante independiente dentro del partido republicano, visto en su liderazgo de las peleas por las reformas a favor de los inmigrantes y la reducción de los subsidios agrícolas, él no va a mirar a la región como una prioridad.
Su foco estaría en Irak, y él estaría también obligado a tratar con las serias debilidades de la economía estadounidense, un tema que McCain ha evitado hasta ahora. Las visiones de McCain más progresivas son las relacionadas al cambio climático y el uso de la tortura (él fue torturado como prisionero en la guerra de Vietnam) y podrían ayudarle a ser una figura menos polémica que Bush.
—En el otro extremo, ¿cómo vislumbra la relación de Estados Unidos con Latinoamérica, sobre todo Sudamérica, con los otros dos candidatos demócratas, Hillary Clinton y Barack Obama?
—Es llamativo que hay pocas diferencias entre Clinton y Obama en los temas sustanciales. Sus posiciones sobre la inmigración y el comercio son difíciles de distinguir la una de la otra. Los cambios en Estados Unidos y particularmente el partido democrático indican que hay una creciente preocupación sobre la globalización y la pérdida de los trabajos norteamericanos. En este ambiente, cualquiera de los candidatos democráticos probablemente estaría menos motivado a firmar tratados de libre comercio en la región que Bush o McCain. Sin embargo, Obama y Clinton están más comprometidos con un acercamiento multilateral a los asuntos hemisféricos que la actual administración.
—¿Cómo caracterizar a estos dos últimos candidatos? Los analistas de la región plantean que Clinton es más de una línea conservadora y que Obama sería como una especie de líder progresista de “izquierda” que puede llevar a un cambio de eje en las políticas norteamericanas. ¿Es así, según su percepción?
—En mi opinión, lo conservador versus lo progresivo o la distinción de “izquierda” no son muy útiles, especialmente caracterizando y comparando a Clinton y Obama. Clinton puede estar en la línea de la práctica política establecida y su gobierno podría ser definitivamente restauracionista, un esfuerzo para retomar algunas de las políticas y acercamientos utilizados durante la administración de su marido (Bill Clinton) en los años 90 del siglo pasado. En contraste, Obama promete un diferente estilo de políticas, menos partidario y más conciliatorio. Nadie sabe si él pueda tener éxito y cambiar la dirección del país, pero hay la sensación de que Obama tiene el potencial de ser más transformacional. De los candidatos, él tiene más posibilidades a encender un nuevo tono, en la política doméstica pero especialmente en la política exterior, donde el Presidente de Estados Unidos tiene más margen de acción.
EL “PODER” DE HUGO CHÁVEZ
—Sobre Latinoamérica, se sostiene que hay un auge de la "izquierda" en la región con el ascenso de Hugo Chávez, Evo Morales (Bolivia), Rafael Correa (Ecuador), Tabaré Vásquez (Uruguay), José Luis Rodríguez Zapatero (España, etcétera. ¿Estamos ante una arremetida “izquierdista” en América Latina?
—Está claro que en todos los países de Latinoamérica, incluso en aquellos gobiernos que no son considerados como de “izquierda”, existe un mayor énfasis que antes en dirigir la agenda social, y particularmente en cerrar la inaceptable y abierta brecha entre ricos y pobres. Pero desde el final de la Guerra Fría, la “izquierda” realmente se ha transformado en una construcción artificial y no ayuda a iluminar las realidades subyacentes. Las diferencias entre los presidentes y los gobiernos que ellos lideran son tan variadas como para volver las simples, tradicionales categorías sin significado. ¿Qué, por ejemplo, tiene Chávez en común con Lula? Sus aproximaciones hacia las políticas económicas y sociales, y su relación con Estados Unidos no podrían estar más apartadas. Cierto, los dos entregan más atención hacia los pobres y buscan una mayor distancia de Estados Unidos, pero aquella es una línea política que responde más a realidades regionales que a afinidades ideológicas. Y las formas en la cual alcanzan sus metas son como la noche y el día.
—A propósito de la primera pregunta de este cuestionario, los enfrentamientos discursivos entre el bloque liderado por Hugo Chávez y la gestión del presidente George Bush no cesan. Incluso recientemente Chávez amenazó con cortar el suministro de energía a Estados Unidos. Eso va de la mano con la preocupación de Norteamérica hacia la situación política, y por ende democrática, en países, sobre todo, de la región andina, léase Venezuela, Bolivia o incluso Ecuador. ¿Estados Unidos está preocupado porque América Latina camina en sentido contrario a sus expectativas y políticas?
—Estados Unidos se preocupa cuando considera que sus intereses están siendo desafiados. Ese es precisamente el caso ahora en Venezuela, donde Estados Unidos enfrenta el dilema de lidiar con un gobierno del cual depende aproximadamente el 14 por ciento de las importaciones de petróleo, pero que tiene un marcado antagonismo, a veces beligerancia, en su relación con Washington.
Estados Unidos está preocupado sobre las ambiciones regionales e incluso globales de Chávez, quien está motivado por un deseo de desafiar las prioridades de Estados Unidos y desbaratar sus relaciones políticas y económicas. Es también parte de una agenda que, con el precio récord del petróleo, tiene un montón de dinero detrás de esto. Venezuela es un caso especial, diferente de Bolivia y de Ecuador, donde Estados Unidos quiere ver cambios en las políticas de la lucha contra las drogas y el trato de inversiones extranjeras; pero el nivel de preocupación en función a estas situaciones es considerablemente más bajo.
—¿Hasta dónde llega el poder de Hugo Chávez en la región? Analistas sostienen que tiene bajo su "tutela" a los mandatarios de Bolivia y Ecuador, Evo Morales y Rafael Correa, respectivamente. ¿A qué situación puede llevar esta hegemonía y apoyo a la ideología y política "chavistas"?
—No hay duda de que existe afinidad ideológica entre Chávez, por un lado, y Correa y Morales por el otro, y que tanto el presidente ecuatoriano como el boliviano están ansiosos de beneficiarse de los recursos de Chávez. Las relaciones están marcadas por una mezcla de pragmatismo e ideología. Pero hay límites reales para tal “tutela” (si eso es lo que es), desde que es poco probable que la mayoría de los ecuatorianos y bolivianos quieran que las decisiones que afectan sus vidas sean tomadas en Caracas. Existen también reales restricciones económicas y financieras, desde que la producción de petróleo en Venezuela ha descendido y el gobierno ha hecho promesas que no puede cumplir. El control que Chávez ejerce sobre la región, incluso con líderes con quienes comparte ciertas ideas como Correa y Morales, es frecuentemente exagerado.
—¿Qué opina sobre el Socialismo del Siglo XXI que propugna Hugo Chávez para la región latinoamericana? ¿Cómo caracteriza a la política “chavista” y su viabilidad en Venezuela, la región y en el mundo, sobre todo por tener el apoyo de Cuba, con Fidel Castro tras bambalinas?
—La versión de Chávez sobre el Socialismo del Siglo XXI sufrió un marcado repudio en Venezuela, incluso en sus anteriores colaboradores, cuando sus reformas constitucionales fueron rechazadas el 2 de diciembre. Yo pienso que la derrota para Chávez fue realmente un punto de quiebre. Los venezolanos quieren programas sociales expandidos, pero rechazan la idea de un presidente vitalicio, y más reglas autoritarias. Existe también una creciente insatisfacción con el desempeño del gobierno en Venezuela, debido a los graves problemas que se han ido empeorando, como la inflación, el crimen y la corrupción. Si el modelo de Chávez no es viable en Venezuela, donde las remuneraciones del petróleo le dan al gobierno una oportunidad de redistribuir ganancias significantes, es incluso menos posible en otros lugares. Los latinoamericanos están buscando nuevas caminos políticos, pero han señalado que el Socialismo del Siglo XXI de Chávez no es la respuesta.
Con la salida de Fidel Castro del escenario, la alianza Venezuela-Cuba irá atenuándose más. Los cubanos son fuertemente nacionalistas y querrán resistir las interferencias políticas venezolanas y lograr una mayor independencia económica.
¿bolivia en el “eje del mal”?
—¿Cuál es la imagen de Bolivia en cuanto a reformas políticas, económicas y sociales en Estados Unidos, tras el ascenso de Evo Morales?, sobre todo porque el gobierno norteamericano ha afiliado a este país al denominado “eje del mal”.
—Cuando Evo Morales fue elegido de manera abrumadora como el primer presidente indígena de Bolivia, hubo una variedad de reacciones en Washington. Para muchos, su elección fue un gran paso adelante para cumplir la promesa de superar las marcadas divisiones y lograr un proyecto nacional coherente. Otros, sin embargo, fueron más escépticos, sobre todo en vista de los lazos cercanos de Morales con Chávez, sus antecedentes en el cultivo de coca, y su estilo confrontacional. Voces más moderadas en la administración y el Congreso han hecho un esfuerzo especial para enganchar al gobierno de Morales con la extensión de las preferencias comerciales y la Corporación de los Retos del Milenio. La tensión en la relación bilateral es innegable, pero no es exacto decir que la opinión dominante de Bolivia en Washington lo incluye como parte de algún “eje del mal”.
—¿Cuánto afectan las alianzas políticas y económicas de Evo Morales con Hugo Chávez para la imagen de Bolivia ia en territorio norteamericano?
—No hay duda de que esta alianza influye en la imagen de Morales en Estados Unidos. Chávez, después de todo, es catalogado como el líder de una coalición opositora a Estados Unidos, y Morales es visto como uno de sus principales aliados. Sin embargo, la mayoría de políticos y técnicos diplomáticos en Washington son suficientemente sofisticados para distinguir entre los líderes y también entender que los intereses estadounidenses son muy diferentes en Venezuela y Bolivia.
—¿Cuáles son los resultados positivos del gobierno de Evo Morales?
—Por suerte, los peores miedos sobre Bolivia bajo el gobierno de Morales no se han realizado. A pesar de los enormes conflictos y tensiones, el país prosigue su agenda política y económica, y Morales merece el reconocimiento por intentar llevar a cabo sus promesas de campaña y cumplir su palabra. Había muchas maniobras y posturas, pero parece que Bolivia va a resolver satisfactoriamente los términos para el desarrollo de su sector de hidrocarburos con Petrobras de Brasil. El estancamiento en la Asamblea Constituyente ha sido preocupante, pero todavía es posible un resultado positivo, lo cual dependerá de los acontecimientos que se vendrán en los próximos meses.
—¿Hasta dónde Estados Unidos puede torcer el brazo de estos gobiernos de "izquierda" en la región con el factor económico? Por ejemplo, la ATPDEA (Ley de Preferencias Arancelarias y Erradicación de Coca, por sus siglas en inglés) ha provocado que Bolivia y Ecuador dependan del mercado norteamericano para la exportación de determinados productos. ¿Estados Unidos tiene esta llave para doblegar a los discursos "antiimperialistas" de estos gobiernos? ¿Chávez puede frenar esta dependencia de los países andinos hacia Estados Unidos?
—Sería contraproducente para Estados Unidos tratar de usar la ATPDEA para presionar o influir a Bolivia. Algunos miembros del Congreso pueden favorecer esta estrategia, pero la mayoría de los políticos entiende que no lograría mucho, por lo que es poco probable que se aplique. Además de mejorar la economía andina, la ATPDEA es generalmente vista como una manera de mantener abiertas las líneas de comunicación e incentivar una relación viable con Estados Unidos.
En el contexto actual, y pese a los altos precios del petróleo, parece cada vez menos probable que Chávez será capaz de reducir la necesidad de Ecuador y Bolivia de tener relaciones comerciales con Estados Unidos. Venezuela se encuentra en una posición única como un importante exportador de petróleo del mundo, pero todavía enfrenta enormes obstáculos económicos. Los gobiernos de Ecuador y Bolivia parecen tener claro que no tienen el lujo de adherirse al modelo o estilo político de Chávez.
DE PERFIL
Es vicepresidente de Política de Diálogo Interamericano y profesor adjunto de Estudios Latinoamericanos en la Escuela del Servicio Exterior de la Georgetown University. Es un especialista en relaciones EE.UU-Latinoamérica. Colaborador de importantes medios como The New York Times, The Washington Post, Los Angeles Times, Foreign Affairs, Foreign Policy, Clarín, O Estado de S. Paulo... Desde 1996, ha testificado ante el Congreso de Estados Unidos como especialista en politica latinoamericana.