
Los obstáculos al TLC con E.U.
By Michael Shifter
El Tiempo (Colombia), April 17, 2008
An English version of this piece is available here.
Se les puede perdonar a los colombianos que no entiendan por qué el TLC de su país con Estados Unidos fue frenado. Muchos que siguen de cerca el tema en Washington también están desconcertados. El problema en este caso es que el pensamiento racional no ofrece una explicación satisfactoria.
Dadas las cercanas relaciones entre E.U y Colombia, se podía suponer que el tratado de libre comercio sería aprobado abrumadoramente y sin vacilación. En vista de sus malas relaciones con Hugo Chávez y otros vecinos, es de sentido común que E.U. apoye a un aliado como Colombia. Las consideraciones estratégicas deberían prevalecer sobre otras. Y la preocupación por los derechos humanos se podrían atender mejor en el marco de la ayuda del Plan Colombia que con el acuerdo comercial.
Pero lo cierto es que este raciocinio, por más claro que sea, cae en oídos sordos en Washington. Lo que realmente cuenta -en este y otros temas de la agenda con América Latina, como la inmigración o Cuba- es la política interna. El TLC con Colombia es víctima de la feroz lucha partidista. ¿A quién culpar por esto? Tal vez a los republicanos, que no consultaron a los demócratas cuando negociaron recientes acuerdos comerciales, como el de Centroamérica y República Dominicana (Cafta-DR). A los demócratas, que no votaron el tratado mucho después de ser negociado. O a la administración Bush, que dio el paso inédito de usar el fast track para tratar de forzar la votación. O también a los demócratas, liderados por la presidenta Nancy Pelosi, que respondieron al cambiar las reglas para impedir el voto. En esta escalada, cada lado buscó ventajas políticas. Los intereses de Colombia -e incluso de E.U.- a duras penas entraron en los cálculos.
Al final, el ambiente político estaba demasiado enrarecido para permitir la votación. Los enfrentamientos partidarios aumentaron, las relaciones de poder cambiaron con la elección de un Congreso demócrata en noviembre de 2006, la carrera presidencial estaba en plena marcha, el público cada día más ansioso y la economía deteriorada en el primer plano de la agenda política. El momento y la suma de factores no pudieron ser peores.
El argumento de que el TLC es necesario para frenar una amenaza a la seguridad en América del Sur produjo el efecto contrario al que se buscaba. El Partido Demócrata no quiere a Chávez -Pelosi lo ha llamado 'matón'- , pero el tema comercial opera en un ámbito totalmente diferente. Además, aunque las numerosas delegaciones de parlamentarios dieron al Congreso una mejor visión del progreso colombiano, aquellos debían enfrentar al regreso a sus colegas y a sus electores. Con una economía incierta y una campaña polarizada, la política conspiró contra el examen objetivo del tratado.
Sin embargo, hay buenas noticias. La campaña presidencial de E.U. por fortuna concluirá en noviembre, y entonces se calmarán las luchas partidistas y se podrán estudiar seriamente los temas. El partidismo no se acabará, ni es el único obstáculo para el TLC (la AFL-CIO tampoco desaparecerá). Pero las presiones electorales bajarán.
El Gobierno colombiano tardó en reconocer el cambio de poder en el Congreso de E.U. y en ajustarse a él, pero cuando llegue el momento oportuno deberá estar listo para defender su posición.
En los próximos siete meses, no solo deberá seguir mostrando el progreso que ha logrado para reducir la violencia y proteger a grupos vulnerables, como los dirigentes sindicales. También deberá adoptar un plan para alcanzar nuevas metas que afiancen el imperio de la ley.
Pocos previeron la suerte que le esperaba al TLC y no hay escenario que garantice su aprobación. Las declaraciones de los candidatos presidenciales demócratas parecen dejar poco espacio para una solución. Pero el ambiente cambiará al comenzar el nuevo gobierno en enero de 2009. Con suerte, vendrán una agenda más pragmática y un debate racional.