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Uruguay y la región tienen que acentuar reformas económicas

By Interview with Michael Shifter
El País (Uruguay), May 17, 2008

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Puede tener que ver que haya vivido en Lima, Perú, y en Santiago, Chile, o que desde 1993 sea catedrático de política latinoamericana en la Escuela Internacional de la Universidad de Georgetown. Pero casi siempre que el Congreso de Estados Unidos requiere unos conceptos de confianza sobre los acontecimientos que pasan al sur de su país, acuden a él. Como mayor credencial, es el vicepresidente de Diálogo Interamericano, un centro de investigación de estudios hemisféricos con sede en Washington. No sólo los congresistas lo consultan, su pluma aparece habitualmente en los diarios más prestigiosos del país, como The New York Times y The Washington Post. Ha escrito libros sobre la gobernabilidad y sus problemas en el subcontinente.

¿Cómo repercutirá la crisis económica en EE.UU. sobre los países del Cono Sur, Mercosur y Uruguay ?

Suponiendo que la crisis no será prolongada, mi impresión es que los efectos en el Cono Sur serán mínimos. Los países del Mercosur no son tan dependientes del mercado estadounidense como México y Centroamérica. Sí, pienso que el crecimiento de China disminuirá ligeramente, aunque continuará sus compras de materias primas en Latinoamérica. Quizás el mayor riesgo, incluso para Uruguay, radica en la complacencia, que lleve a pensar que porque los países resisten una caída de la economía de EE.UU., no hay necesidad de avanzar en reformas internas. Ello sería un serio error. Hay una necesidad permanente de reforzar reformas económicas, promover la innovación y mejorar la competitividad.

¿Cuál es su pensamiento sobre el proyecto de formar un bloque económico-financiero del Sur y de crear un frente militar con exclusivos motivos de defensa?

Son ideas prometedoras y expresan reales aspiraciones de muchos países sudamericanos. Sale a luz un gran deseo hacia esquemas más fuertes y sistemáticos de integración de acuerdo a las líneas existentes en la Unión Europea. Pero el problema fundamental para su materialización surge de una intensa desconfianza entre muchos de los gobiernos de la región. Y también en una renuencia general en sacrificar grados de soberanía en aras de objetivos más amplios y colectivos. Tal desconfianza conlleva el riesgo de socavar cualquier avance en la creación de instituciones multilaterales regionales. Hay enorme fragmentación política en Sudamérica. Éste no es un buen momento para una integración, como se vio en la Cumbre Iberoamericana de Santiago, Chile, en noviembre pasado. Es verdad que los acuerdos comerciales y la inversión están siendo asediados, y que las remesas y el flujo migratorio se han incrementado, pero las dificultades políticas y tensiones no se están apaciguando. La tensión entre Argentina y Uruguay, dos países con gobiernos que parecen muy similares, es llamativa. Y no olvidar los diferendos político- diplomáticas entre Ecuador, Colombia y Venezuela.

¿Qué opina del Socialismo del Siglo XXI que propugna Hugo Chávez para la región?

La versión de Chávez sufrió un marcado repudio en Venezuela, incluso en sus anteriores colaboradores, cuando sus reformas constitucionales fueron rechazadas el 2 de diciembre. Yo pienso que la derrota para Chávez fue realmente un punto de quiebre. Los venezolanos quieren programas sociales expandidos, pero rechazan la idea de un presidente vitalicio, y más reglas autoritarias. Existe también una creciente insatisfacción con el desempeño del gobierno en Venezuela, debido a los graves problemas que se han ido empeorando, como la inflación, el crimen y la corrupción. Si el modelo de Chávez no es viable en Venezuela, donde las remuneraciones del petróleo le dan al gobierno una oportunidad de redistribuir ganancias significantes, es incluso menos posible en otros lugares. Los latinoamericanos están buscando nuevas caminos políticos, pero han señalado que el Socialismo del Siglo XXI de Chávez no es la respuesta.

¿Qué repercusiones tendrá el referéndum de Santa Cruz y el futuro diálogo que los dirigentes por la autonomía aceptaron mantener con el presidente Evo Morales?

Bolivia está claramente en medio de una lucha por el poder y ambas partes maniobran o actúan para mejorar su posición de influencia. Sin duda Santa Cruz anotó algunos puntos con el referéndum, pero ahora ha respondido Morales tratando de retomar la iniciativa política con su llamado a votar en agosto sobre su continuidad. Esto es riesgoso e impredecible. Pero de los dos episodios surge una buena conclusión: ninguno de los grupos bolivianos está presionando por la secesión y exhiben con claridad que desean evitar el derramamiento de sangre.  Creo que finalmente las fuerzas moderadas —y las hay en ambas partes— tendrán que conducir la situación política a un acuerdo sobre los puntos claves controvertidos, que están perjudicando la gobernabilidad en tiempos muy delicados.

En pocos días se realizará la Asamblea de OEA en Medellín, ¿piensa que dentro del panorama latinoamericano y con las revelaciones surgidas de la computadora de Raúl Reyes podrán aprobarse resoluciones positivas para la situación entre Ecuador y Colombia?

La decisión o la movida del presidente Álvaro Uribe dando un paso audaz con la extradición de los líderes paramilitares a EE.UU. tiene por el momento en suspenso la historia de los archivos de Reyes. Las revelaciones seguirán apareciendo y van a crear más tensiones entre Colombia y Ecuador, y, en especial, entre Colombia y Venezuela. En la OEA se podrá aludir a esta situación en forma general, pero el complicado cuadro actual tendrá que correr su propio curso. Las pasiones están todavía muy vivas y es esencial dar un paso atrás, hacer un alto y respirar profundamente, antes de buscar una salida.

¿Qué cambios se pueden dar en la relación de EE.UU. con  Latinoamérica, en caso de un triunfo de John McCain?

Es dudoso de que haya un cambio dramático en las políticas con Latinoamérica con cualquier nueva administración. Aunque McCain sea bastante independiente dentro del Partido Republicano, visto en su liderazgo de las peleas por las reformas a favor de los inmigrantes y la reducción de los subsidios agrícolas, él no va a mirar a la región como una prioridad. Su foco estaría en Irak, y él estaría también obligado a tratar con las serias debilidades de la economía estadounidense, un tema que McCain evitó hasta ahora. Sus visiones más progresistas son las relacionadas al cambio climático y el uso de la tortura (él fue torturado como prisionero en la guerra de Vietnam) y podrían ayudarle a ser una figura menos polémica que Bush.

Del otro lado, ¿qué pasaría en un triunfo de alguno de los candidatos demócratas, Hillary Clinton y Barack Obama?


Hay pocas diferencias entre ambos en los temas sustanciales, como el comercio o la inmigración. El Partido Demócrata sostiene que hay una creciente preocupación sobre la globalización y la pérdida de los trabajos norteamericanos. En este ambiente, cualquiera de los candidatos demócratas probablemente estarían menos motivados a firmar TLC en la región que Bush o McCain. Sin embargo, Obama y Clinton están más comprometidos con un acercamiento multilateral a los asuntos hemisféricos que la actual administración.   

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