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El reto en Sudamérica

By Michael Shifter
La Prensa (Bolivia), November 2, 2008

“Ambos tienen mucho que aprender sobre cómo América Latina ha cambiado. La preocupación es que cualquiera que gane la elección caerá en viejas formas de tratar a países diseñadas en una era que ya se fue”

Es una apuesta segura que el próximo Presidente de Estados Unidos destinará relativamente poco tiempo a América Latina. Otras preocupaciones —desenterrar al país de este profundo agujero financiero, para no mencionar las prioridades de política exterior como Irak, Irán, Afganistán, Pakistán y el Oriente Medio— consumirán la mayor parte de su atención.

Que América Latina no estará primera en el ránking de la agenda estadounidense no es, por supuesto, nada nuevo. Lo que es nuevo, sin embargo, es cómo el escenario político se ha transformado, especialmente en Sudamérica. El nuevo Presidente se enfrentará con una región donde todos los gobiernos están buscando una mayor independencia respecto de Estados Unidos. Algunos son más confrontacionales que otros, pero todos quieren diversificar sus alianzas en el nuevo orden global. Los tradicionales impulsos paternalistas desde el norte están fuera de sintonía en la realidad actual.

La gran pregunta es si cualquiera, Barack Obama o John McCain, tendrá la capacidad para comprender tales cambios y para responder constructivamente a este desafío.

Los antecedentes cosmopolitas de Obama, junto con su visión para cooperar con América Latina en una amplia gama de asuntos desde la energía hasta luchar contra la desigualdad, están más en línea con la agenda y las sensibilidades de la región. Particularmente bienvenida será la mayor apertura diplomática para dialogar con Cuba, donde EEUU ha tenido una improductiva e impopular política por casi medio siglo. Pese a que no es probable que ninguno de los dos candidatos levante el embargo completamente, Obama ha prometido eliminar las restricciones a los viajes y el envío de remesas para los cubano-americanos.

Es fácil imaginar que él pueda tener buena química personal con los presidentes sudamericanos de diversas perspectivas ideológicas, incluyendo a Álvaro Uribe, de Colombia. Pese a que Obama se ha opuesto al acuerdo de libre comercio entre Colombia y EEUU, ha respaldado en gran medida las políticas de seguridad de Uribe. Él probablemente simpatizará con mantener preferencias arancelarias (ATPDEA) con gobiernos como Bolivia y Ecuador. Su énfasis en respaldar una red de seguridad social para trabajadores estadounidenses puede incluso hacer más fácil alcanzar acuerdos comerciales a través de un Congreso Democrático.

Bajo una presidencia de Obama, algunos gobiernos podrían tener dificultades para aprovecharse de la ola antiestadounidense. Los líderes se encontrarán sin aquel chivo expiatorio típicamente utilizado para obtener respaldo popular para proyectos políticos más autoritarios.

Pocos creerán, como lo hacen con George W. Bush, que Obama es el “diablo”, lo que quiere decir que Hugo Chávez tendrá poca opción más que modificar su libreto. Probablemente tomará la medida de Obama y la pondrá a prueba.

Se podrá esperar que Obama inicie un reacercamiento, pero es probable que él se cuide, medite sobre cómo se podría interpretar en EEUU cualquier gesto caluroso hacia Chávez. De hecho, Obama ha sido notablemente cauto en su campaña, lo que explica buena parte de su éxito. Sudamérica no debería esperar ninguna audaz ni dramática movida hacia los líderes progresistas ni por sus causas.

Una presidencia de McCain no contrastaría fuertemente con Obama en su estilo y en su tono, sino en sus políticas. En gran parte, como Bush, McCain tiende a ver a América Latina (y al resto del mundo) en términos de amigos y adversarios. Él ve bloques en competencia que se oponen o que respaldan la agenda de EEUU en la región. Durante la campaña dio una clara señal al viajar a Colombia y México, como un despliegue de amistad hacia Uribe y Felipe Calderón. Su retórica hacia Chávez ha sido mucho más agresiva que la de Obama, y a lo mejor él tendría una relación más conflictiva con Evo Morales y Rafael Correa. (Sin embargo, las relaciones personales pueden ser sorprendentes. Por ejemplo, pocos predijeron que Bush podía haber tenido la buena relación que tiene con Lula).

Aun así, las ideas de McCain tendrían un gran atractivo para algunos gobiernos de Sudamérica. Él ha sido consistente en su respaldo a las políticas de libre comercio y ha apoyado con gran entusiasmo el acuerdo pendiente con Colombia. McCain, sin embargo, no se ha opuesto al uso de las preferencias arancelarias para objetivos políticos, como lo está haciendo la administración de Bush frente a Bolivia. A diferencia de Obama, él tuvo una posición fuerte en contra de los subsidios al etanol, lo que puede satisfacer particularmente a los brasileños mientras piden acceder al mercado estadounidense. McCain y Obama también han prometido reducir las importaciones de gas y petróleo, pero parece difícil de llevar a la práctica, y no tendría un gran impacto en las relaciones con la región.

Ambos, Obama y McCain, tienen sin duda mucho que aprender sobre cómo América Latina ha cambiado. La verdadera preocupación es que cualquiera que gane la elección caerá en viejas formas de tratar a otros países diseñadas durante una era que ya se fue. McCain, especialmente, carga mucho equipaje, y su visión de buenos contra malos es una reminiscencia de la Guerra Fría. Obama es más abierto y sintonizado con los cambios que están en camino, pero algunas de sus metas —un creciente número de consulados de EEUU y voluntarios del Cuerpo de Paz, por ejemplo— también hacen eco de John F. Kennedy en los años 60, un periodo que ha pasado hace mucho tiempo.

En el nuevo contexto de carencia de recursos presupuestales (que se han hecho aún más restringidos por la crisis financiera), un pensamiento fresco es necesario. Un área de la política que es crítica para América Latina y EEUU, pero que no ha recibido seria atención por Obama ni McCain, es el problema de las drogas. Sólo se ha agravado la situación en los años recientes, y la fórmula de EEUU para combatir el narcotráfico ha fracasado. Ésa no es sólo la visión para la mayoría de los latinoamericanos pero, de acuerdo con una encuesta Zogby realizada en septiembre de 2008, tres cuartos de todos los estadounidenses llegaron a la misma conclusión.

Se espera que, como Presidente, Obama o McCain tenga una honesta mirada hacia el Sur e inicie una nueva senda, en lugar de apoyarse en lo que John Kennedy, Ronald Reagan o Bill Clinton hacían. Esto incluirá consultas con los líderes regionales, recogiendo sus ideas y buscando políticas diferentes que dependan menos del dinero que del compromiso y de un liderazgo más imaginativo.

DE PERFIL

Es vicepresidente de las políticas del Diálogo Interamericano, un foro sobre asuntos del hemisferio occidente, con sede en Washington DC. A partir de 1993 ha sido profesor adjunto en la Universidad de Georgetown, donde enseña la política latinoamericana. Desde 1996 ha sido ponente frente al Congreso estadounidense sobre la política de EEUU hacia Latinoamérica. Antes de asumir su cargo en el Diálogo Interamericano, dirigió el programa sobre Latinoamérica y el Caribe de la Fundación Nacional para la Democracia. Anteriormente dirigió el programa de gobernabilidad democrática y derechos humanos de la Fundación Ford en la Región Andina, con sede en Lima, Perú, y luego el Cono Sur, con sede en Santiago de Chile.

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