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El cambio también llega a América Latina

By Michael Shifter
El Colombiano, November 9, 2008

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Barack Obama ya hizo historia con su elección del pasado martes. Ahora, la crisis económica y las guerras extranjeras que está afrontando Estados Unidos le dan la oportunidad de llegar a los libros de historia como un gran presidente, del molde de Abraham Lincoln quien enfrentó una crisis aún más profunda y una nación más dividida a la que Obama recibe hoy.

Como en la campaña, Obama buscará unir el país apelando a las famosas palabras de Lincoln: "a los ángeles mejores de nuestra naturaleza".

El presidente electo es un líder de gran inteligencia y disciplina y es muy probable que sea moderado y pragmático en su acercamiento a una complicada agenda doméstica y extranjera.

Durante la larga campaña Obama tuvo que dirigirse sobre asuntos difíciles como la guerra en Irak, la economía y la salud.

En el proceso dejó claro que no está interesado en posiciones reflexivas e ideológicas. En cambio, tratará de descubrir qué tiene sentido y qué funciona.

Izquierda puede decepcionarse

Los líderes latinoamericanos que se consideran a sí mismos de "izquierda" y esperan encontrar un férreo aliado en la Casa Blanca podrán decepcionarse.

Cierto, las ideas de Obama difieren claramente de las de George W. Bush en algunos asuntos, como la política hacia Cuba, pero en general la distinción será reflejada más en la forma como Obama percibe y reacciona a la región que en su posición en políticas específicas.

Hay algunos asuntos en particular en los cuales sería un error tomar las declaraciones de Obama en la campaña al pie de la letra.

Por ejemplo, la posición de Obama con respecto al acuerdo comercial Nafta con México y Canadá evolucionó de su postura intransigente en las Primarias, a una posición más moderada en la campaña general.

De la misma forma Obama inicialmente dijo que se sentaría a hablar con los adversarios de Estados Unidos Raúl Castro, Hugo Chávez y Mahmoud Ahmadinejad, pero después se echo para atrás un poco al insistir que antes de que cualquier reunión se llevara a cabo era necesario la preparación diplomática y una agenda específica.

Colombia seguirá de aliado

A pesar de sus declaraciones con respecto al Tratado de Libre Comercio con Colombia durante su campaña y el tercer debate con John McCain, Obama probablemente será más precavido y pragmático.

Un rechazo al pacto que está pendiente con Colombia es improbable ya que enviaría un mensaje negativo a un aliado tan cercano y generaría críticas a lo largo de toda la región. Esto no sería una manera prometedora de Obama para iniciar su política hacia Latinoamérica.

Para materializar el pacto probablemente se necesitará cumplir con dos condiciones.

Primera, el gobierno colombiano deberá mostrar un compromiso aún más fuerte del que ha mostrado hasta ahora para mejorar la situación de los derechos humanos, particularmente en homicidios extrajudiciales, participación de paramilitares en la política e impunidad para aquellos que asesinan a líderes sindicalistas.

Este compromiso de la administración de Uribe podría llegar en la forma de una promesa de dedicar aún más recursos para proteger grupos vulnerables o una demostración de la misma urgencia para resolver los escándalos de corrupción como lo ha hecho con las Farc.

Segundo, Obama tendrá que mostrarle a sus electores, especialmente los sindicatos, que hará de la reforma a la salud una prioridad y que proveerá una red segura de políticas para beneficiar a trabajadores afectados por el modelo de reorientación del comercio.

Con presiones de presupuesto creciendo en los Estados Unidos y una mejor situación de seguridad en Colombia, no es realista pensar que los niveles de ayuda continuarán igual que ahora.

El apoyo probablemente comenzará a reducirse paulatinamente, como hubiera pasado bajo cualquier administración de Estados Unidos.

Barack Obama será sensible a los problemas en Colombia relacionados con seguridad y drogas y tratará de ayudar.

Sus fuertes expresiones de apoyo al gobierno de Álvaro Uribe después de la redada del primero de marzo contra un campamento de las Farc en Ecuador, en las que murió alias "Raúl Reyes", revelan que Obama no es una mansa paloma en seguridad nacional.

Uribe y Obama coincidirán en sus puestos por lo menos 18 meses y no cabe duda de que habrán más diferencias que con George W. Bush o John McCain, pero las probabilidades de que el pragmatismo prevalezca en la relación son buenas.

Extrayendo sus experiencias en la cruda política de Medellín (para Uribe) y Chicago (para Obama), los dos políticos llegarán a acuerdos y buscarán como avanzar en intereses comunes entre Colombia y Estados Unidos.

Queda por ver si Obama puede cumplir este y otros retos que está confrontando los Estados Unidos actualmente. La historia ciertamente le ha concedido la oportunidad de probar que puede ser un gran presidente.

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