Liderazgo Político y Gobernabilidad Democrática en América Latina y Colombia
By Michael Shifter
“Los Desafíos de la Democracia en América Latina”, August 19, 2009
Michael Shifter dio este discurso ante el Foro Internacional “Los Desafíos de la Democracia en América Latina,” organizado por la Corporación Escuela Galán en Bogotá, 19 de agosto de 2009.
Es un enorme privilegio poder participar en este foro internacional tan importante con participantes tan distinguidos. Quisiera agradecer la gentil invitación de la Escuela Galán, y felicitarla por esta iniciativa de convocar y estimular la reflexión sobre un tema tan crucial. Estoy consciente del significado de este evento y de verdad me siento muy honrado.
Estuve en Bogotá el día de la muerte de Luis Carlos Galán. Lamento que nunca tuve la oportunidad de conocerlo personalmente, pero fui testigo de su extraordinario impacto en Colombia. Pocos días en la vida dejan una impresión inolvidable. Pero para mi, el 18 de agosto de 1989, como el 22 de noviembre de 1963, el asesinato de John F. Kennedy, son unos de esos días.
Tomando en cuenta el extraordinario legado de Galán, sus firmes convicciones democráticas, y también viviendo en Washington en los últimos meses bajo la presidencia de Barack Obama, es muy difícil no reconocer la importancia del papel de liderazgo político en la taréa de construir democracias eficaces y viables, que responden a las demandas de los ciudadanos. Es un tema que entre los politólogos lamentablemente no ha recibido la seria atención que merece.
Hoy día, América Latina se encuentra en uno de aquellos momentos críticos de redefiniciones. En la región hay un debate feroz en torno al concepto de la democracia. Hay una búsqueda de alternativas, de nuevas fórmulas o modelos de cómo organizar la política, ya que, de acuerdo con las encuestas, para muchos ciudadanos la experiencia y desempeño de la democracia ha sido decepcionante. Muchos políticos no han logrado entregar los resultados esperados, no solamente en el campo económico y social pero también en otras funciones esenciales del estado como seguridad y justicia.
Sin embargo, si bien es cierto que los esquemas tradicionales de hacer política en America Latina han sido cuestionados y desacreditados en varios países, también me parece claro que la alternativa mas popular en el momento, el llamado Socialismo del Siglo XXI, tampoco ha funcionado muy bien. No es una alternativa atractiva, viable, sostenible, que puede satisfacer las demandas de los ciudadanos. Una política de enfrentamiento, de conflicto con sectores claves para la gobernabilidad en el siglo XXI (algunos lo llaman populismo), no puede terminar en sociedades exitosas, que puedan pasar la prueba de mejorar las condiciones de vida para la gente común. Mas allá de las válidas críticas en cuanto a costos políticos, en libertades fundamentales, simplemente no funcionan.
La tarea que enfrentan los líderes políticos se complica debido a los marcados procesos de globalización que influyen en la vida política. Hoy más que nunca, los sectores de la sociedad antes marginales por lo menos tienen acceso a información, que se mueve de manera muy rápida de una parte del mundo al otro. Las implicaciones políticas de la nueva tecnología y comunicación son inmensas. El efecto esta claro: hay un impresionante aumento en demandas y expectativas por parte de una población presionando para mejoras concretas en su vida diaria. Al mismo tiempo, con pocas excepciones en América Latina los estados no tienen la capacidad de responder de manera adecuada a las crecientes demandas populares. La situación económica, hoy día bastante preocupante, a diferencia de los últimos años, hace la taréa de liderazgo aún más difícil.
Aunque el obstáculo económico para llevar a cabo los cambios necesarios es innegable, el factor aún más crítico es la habilidad política de buscar y formar consensos con distintos sectores de la sociedad, con el fin de desarrollar políticas pùblicas para solucionar problemas concretos. El reto de liderazgo, que es un arte, consiste en cierta medida en como convertir demandas rígidas en demandas razonables y sensatas. Los recursos son importantes, es cierto, pero también son fundamentales la voluntad y valentía de tratar con intereses que resisten cambios y que tienen una visión limitada. Por fortuna, ha habido algunos líderes en las Américas con esas características, pero constituyen una minoría. El caso mas llamativo hoy es Brasíl, un país, a diferencia de otros, sin una fuerte tradición democrática pero que pronto llegará a cumplir 16 años de liderazgo democrático impresionante. Los resultados en ese país hablan por sí solos.
Además, según Albert Hirshman, uno de los intelectuales mas lúcidos sobre América Latina de nuestra época, una tendencia que es importante superar es el no percibir efectivamente los cambios logrados, aunque sean modestos. Hirshman, un gran conocedor de Colombia desde los anos 50, destaca dos cualidades esenciales para buen liderazgo: carisma y destreza. Para Hirshman, los mejores líderes combinan las dos aunque halla conflictos entre las mismas. Carisma es la habilidad de poderse conectar y enganchar con la gente, y destreza, menos común que carisma según Hirshman, consiste en la capacidad de percibir el cambio, con el fín de mejorar las condiciones actuales y llevar la sociedad a otro nivel para el bien común. Como modelo, en este sentido, Hirshman señala al ex presidente colombiano Carlos Lleras Restrepo, comprometido con una agenda de reforma, quien fué capaz de percibir oportunidades para forjar un camino para el cambio. Por lo tanto lo logró.
A veces se puede avanzar en este desafio a través de reformas constitucionales, algo muy de moda hoy en América Latina. Hay que distinguir entre experiencias generadas como producto de cambios particulares en la reforma del estado como fue la constituyente en Colombia de 1991 y algunas recientes, mas ambiciosas, en Venezuela, Bolivia y Ecuador, que buscan “refundar” la nación. Los objetivos pueden ser nobles, y por cierto hay una demanda para cambios fundamentales. En general, tales esfuerzos prometen mucho y levantan expectativas pero raras veces producen resultados concretos en las condiciones de vida. Tal vez mas productivo hubiera sido dedicar los escasos recursos políticos a una agenda especifica, dando prioridad a temas sociales y otras políticas que hacen falta.
También esta de moda, por cierto, la muy comentada tendencia de reelección en América Latina. Confieso que la idea como tal no me preocupa demasiado. Hay argumentos validos para asegurar continuidad en políticas claves que de otra manera serían interrumpidas por distintas administraciones. Dada la magnitud de las tareas de gobernabilidad en un contexto de globalización se puede entender ese patrón. Pero si me preocupa, que en ciertos casos no ha habido reglas claras y respetadas y en otros casos hay costos muy claros en términos de la institucionalidad democratica y un sistema eficaz de contrapesos y equilibrio de poderes. Vale la observación además, de que salvo en algunos casos, las experiencias en la región con esa nueva modalidad no han sido muy alentadoras.
Para construir gobernabilidad democrática en las Americas es necesario reflexionar sobre la función de la oposición, no solo los gobernantes. En demasiados casos la oposición se dedica a criticar y denunciar las políticas del gobierno y no en proponer alternativas viables. Pero tal dinámica tiende a impedir avances de políticas públicas claves y también tiene el efecto de generar y aumentar los niveles de desconfianza hacia la clase política en la sociedad, que por cierto es muy preocupante y dañino para la calidad de la democracia. A mi juicio, también ha sido un problema grave en los Estados Unidos en los últimos años, en donde ambos partidos políticos han sido irresponsables en su conducta, con enormes costos para la vida política del país. Sin embargo, a pesar de la tentación, la solución a este problema no es buscar hacer política sin partidos políticos – debilitados por todo el mundo -- sino dedicarse a reformar y renovarlos, para que tengan planteamientos claros que formen parte del debate político.
No hay contradicción ninguna, como piensan algunos, entre tener lideres fuertes y partidos políticos, y otras instituciones fuertes. Es una opción falsa. En el mejor de los casos, bajo democracias plenas, se refuerzan mutuamente y, juntos, apuntan a cambios y reformas tal vez modestos, pero importantes de todas maneras. No hay un juego suma cero a mi modo de ver.
Las perspectivas para construir liderazgos políticos exitosos y democráticos dependen mucho de la situación existente en cada país. Como sabemos, la región es cada día mas variada, en muchos aspectos hay mas divergencias que convergencias. Pero es crucial hacer un esfuerzo común hemisférico para construir los marcos y estructuras necesarios para promover las prácticas e instituciones mas democráticas posibles. Es cierto que el contexto político hoy no es lo mas favorable. Hay bastante desconfianza y desorden en mecanismos políticos multilaterales.
Pero también hay ventajas y cambios esperanzadores. Mas allá de cualquier problema en su operación, la Organización de Estados Americanos (OEA) tiene un marco normativo muy útil junto con instrumentos disponibles a los estados miembros. También la Carta Democratica Interamericana es admirable en muchos sentidos. Los defectos tienen más que ver con la falta de voluntad política hoy en la región que cualquier problema con el contenido de la Carta. Lo que comentó Alberto Lleras Camargo, el primer secretario general de la OEA, hace muchos años sigue siendo válido hoy: la eficacia de la OEA depende más que nada en la voluntad de sus estados miembros.
Otro elemento alentador en el panorama actual es la nueva administración en Washington, que tiene una clara orientación hacia el diálogo y el multilateralismo. Tal enfoque se ha mostrado ya en dos temas claves en los últimos meses: la revocación de la suspensión de Cuba en la OEA y la firme respuesta al golpe militar en Honduras, una situación todavía no resuelta.
Dentro de ese contexto, Colombia presenta un caso sumamente interesante, caracterizado, como siempre, por las complejidades, contradicciones y paradojas. Como esta ampliamente reconocido, hay muchos factores preocupantes, reflejados en la muerte de Galán y otras tantas tragedias en la historia colombiana (que Uds. Conocen mucho mejor que yo), que conspiran fuertemente contra la construcción de una gobernabilidad plenamente democrática.
Pero al mismo tiempo, Colombia, a diferencia de otros países, no sólo latinoamericanos pero por todo el mundo, tiene el lujo de tener líderes políticos de primer nivel, destacados por su dedicación y habilidad. Cuando surgen crises estan a la altura de la circunstancias. Hay muchos colombianos que figuran en la lista. He mencionado algunos en esta presentación, también hay que incluir varios ex presidentes (como César Gaviria) y el mandatorio actual (Alvaro Uribe), los candidatos que aspiran a la presidencia que van a hablar luego, y por supuesto Luis Carlos Galán, un líder de primera categoría, cuyo aporte invalorable a la construcción de democracia en Colombia honramos estos días.
Muchas gracias.