La visita que calentó a Brasil
By Michael Shifter
Poder, January 5, 2010
El gobierno iraní se llevó el premio más grande de América Latina con la visita del presidente Ahmadinejad a Brasil a finales de noviembre. Dicha visita reflejó el papel cada vez más importante de ese país como actor internacional, y además demostró su confianza en sí mismo al entablar relaciones con regímenes de cualquier calaña, sin tener que pagar ningún costo político.
La calculada decisión del gobierno de Lula de estrechar las relaciones con Irán era comprensible y justificada en el marco de la expansión comercial y económica de Brasil, por su interés más amplio en el Medio Oriente. Después de todo, el presidente israelí Shimon Peres había estado en Brasil dos semanas antes y el presidente palestino Mahmoud Abbas también hizo lo propio.
Mientras que para el gobierno de Lula sólo hubo secuelas políticas de menor importancia, el mensaje de Brasil era que Irán debía comprometerse, no aislarse; sin embargo, el momento en el cual se produjo la visita no ayudó mucho. Meses antes la comunidad internacional tenía la esperanza de que sería factible proseguir las negociaciones con Irán para lograr convencerlo que abriera su supuesto programa nuclear a la inspección internacional.
En octubre estas esperanzas se desvanecieron cuando Irán reafirmó su postura de línea dura y obstinada, desafiando a la opinión pública internacional. Las declaraciones de Lula con Ahmadinejad fueron predeciblemente medidas y anodinas, sin tomar en consideración la enorme controversia sobre las ambiciones nucleares y las prácticas represivas de Irán en su propio país.
La visita provocó algunas protestas en Brasil y definitivamente Lula sintió que la temperatura de la política doméstica se calentó por haberse reunido con Ahmadinejad. En Washington, algunas voces del Congreso se mostraron críticas y decepcionadas con este viaje. Engel, quien preside la Cámara del subcomité para el Hemisferio Occidental, lo calificó como “escandaloso”.
Y aunque el gobierno de Obama mantuvo la prudencia, indudablemente la visita –que ocurrió en un momento especialmente sensible de las relaciones entre Estados Unidos e Irán– molestó a algunos responsables políticos. Con asuntos en la agenda como la crisis de Honduras y el acuerdo del uso de bases militares en Colombia, la visita de Ahmadinejad a Brasil desalentó de alguna manera el entusiasmo de Washington en lograr la muy frecuentemente mencionada “alianza estratégica” con la potencia regional de Suramérica.
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